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03/02/2022 Celebración del 4 de julio

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Fuegos artificiales. Comidas al aire libre. Desfiles. Conciertos. Y una excusa para vestirse de rojo, blanco y azul (si tiene esa vestimenta). Más que cualquier otra festividad reconocida en Estados Unidos, las celebraciones del 4 de julio son generalizadas. Se hacen en locales urbanos, suburbanos y rurales de ciudades y pueblos grandes y pequeños. Son celebraciones alegres que reúnen a la familia, los amigos y las comunidades. 

El 4 de julio o Día de la Independencia conmemora la Declaración de Independencia por el Congreso Continental el 4 de julio de 1776, con la proclamación de que las 13 colonias estadounidenses no estaban bajo el gobierno del rey británico Jorge III. Aunque en ese momento la Guerra de la Independencia llevaba más de un año, la Declaración de Independencia formalizó la unión de las 13 colonias en estados libres, independientes y unidos. 

Un relato detallado de la primera celebración del 4 de julio en Filadelfia en 1777 explica los orígenes del lanzamiento de fuegos artificiales el 4 de julio: A lo largo del día se disparaban múltiples salvas de 13 cañones «en honor a los Trece Estados Unidos». En la cena para miembros del Congreso, «generales y coroneles del ejército, y civiles destacados», se realizaron numerosos brindis por la libertad, la independencia y la valentía de los «patriotas que … cayeron gloriosamente en defensa de la libertad y las causas justas de su país». A cada brindis «le seguía una descarga de artillería y de armas pequeñas». 

En el 50º aniversario del 4 de julio, en 1826, fallecieron John Adams y Thomas Jefferson, los dos únicos firmantes de la Declaración de Independencia que llegaron a ser presidentes. El 4 de julio de 1826 falleció otro padre fundador, James Monroe, lo que llevó a los periódicos de todo el país a especular que la muerte de tres presidentes el 4 de julio «difícilmente» podría atribuirse a una mera coincidencia. 

En el quinto aniversario de la firma de la Declaración de Independencia en 1781, Massachusetts fue el primer estado en reconocer el 4 de julio como día festivo estatal. En 1870, el Congreso proclamó el Día de la Independencia como día festivo no remunerado para los empleados federales y en 1938 votó para convertirlo en día libre remunerado. 

Los políticos suelen participar en los picnics y desfiles comunitarios del 4 de julio para reunirse con los votantes y pronunciar discursos. Pero durante toda la década de 1850, el prolongado período previo a la Guerra Civil, los abolicionistas acudían a las conmemoraciones del 4 de julio para recordarles a los estadounidenses la promesa incumplida de la Declaración de que «todos los hombres son creados iguales» y animarlos a actuar para acabar con la esclavitud. 

En 1852, la Sociedad de Damas Antiesclavistas de Rochester invitó a Frederick Douglass a dar un discurso por el 4 de julio. Douglass insistió en dar el discurso el 5 de julio, porque en el sur, las subastas de esclavos se celebraban el 4 de julio «manchando la fecha en la memoria afroamericana», como lo relata David W. Blight en su biografía sobre Douglass Frederick Douglass Profeta de la Libertad. Como ese año el 4 de julio era domingo, las Damas de Rochester accedieron y el 5 de julio Douglass pronunció uno de los discursos más emblemáticos de la historia de Estados Unidos. En primer lugar, honró a los firmantes de la Declaración de Independencia como «estadistas, patriotas y héroes». Luego pronunció una extensa lamentación sobre la «repugnante barbarie» de la esclavitud y la «desvergonzada hipocresía» de una nación que celebraba la libertad cuando millones de personas vivían encadenadas. Terminó con un llamamiento esperanzador a las «tendencias evidentes de la época» que garantizaban «la condena certera a la esclavitud». 

Dos años después, el 4 de julio de 1854, durante «una de las concentraciones antiesclavistas más grandes y furiosas de la época», como relata Laura Dassow Walls en su biografía de Henry David Thoreau, el «ermitaño confeso del lago Walden» se subió a un alto escenario y pronunció su discurso «La esclavitud en Massachusetts» ante 2.000 personas. Entre las referencias a la naturaleza y los prolongados paseos al lago Walden, Thoreau denunció la hipocresía de quienes el 4 de julio «hacen sonar las campanas y disparan cañones, para celebrar su libertad» a pesar de la ignominia de la esclavitud. 

La conmemoración de la fundación de los Estados Unidos y de su rica historia el 4 de julio como acontecimiento para impulsar el cambio social coincide plenamente con la misión de HopeWell de «ampliar las oportunidades de las personas y las familias». Aunque identificamos explícitamente el racismo sistémico actual originado en la esclavitud como el motor principal de las disparidades raciales de los resultados de los jóvenes en cuidado de crianza, también abrazamos el optimismo y el orgullo por nuestro país en las celebraciones del 4 de julio. Es esa energía y esperanza en el futuro lo que impulsa nuestra programación innovadora. 

En 1976, en el bicentenario del 4 de julio, el ensayista E.B. White lo expresó mejor: «¿Qué otro país está tan horrorizado por sus propios defectos, tan ansioso por expiar sus malas acciones?». Tras enumerar una serie de problemas «insuperables», señaló que «dondequiera que se mire» la gente está buscando activamente «un antídoto para la melancolía, una cura para la enfermedad, una corrección para el mal comportamiento». 

«En este día tan importante», concluyó, «animémonos con el buen ejemplo de John Adams. Hasta podríamos asumir por un día el papel de patriotas, sin disculparnos ni avergonzarnos».

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