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03/02/2022 Reducir las disparidades raciales en el bienestar infantil

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En medio del renovado ajuste de cuentas de nuestro país con su historia racista, se ha hablado mucho de la necesidad de resolver el racismo sistémico. Tras firmar su decreto del 26 de enero sobre equidad racial, el Presidente Joe Biden declaró, «enfrentamos profundas desigualdades raciales» y un «racismo sistémico que ha asolado nuestra nación durante mucho, mucho tiempo».

Al hablar de racismo sistémico, Biden se refería a las desigualdades raciales persistentes en la sociedad que perjudican a los afroamericanos y a otros grupos de color mientras favorecen a los blancos. Por ejemplo, las racially explicit housing policies destinadas a segregar a las personas por su raza, que fueron establecidas y aplicadas por gobiernos locales, estatales y federales desde los comienzos del siglo XX. Una de las prácticas más dañinas y difundidas de estas políticas públicas fue la denegación de hipotecas por motivos de raza y etnia por la Administración Federal de Vivienda. Aunque menos evidentes, las políticas de vivienda racistas aún persisten. Son la causa de que cerca del 30 % de las viviendas embargadas durante la Gran Recesión fueran de familias afroamericanas e hispanas, frente al 11 %, aproximadamente, de familias blancas.   

Estas políticas no sólo bloquearon el acceso a una de las formas más confiables de construir un patrimonio propio en Estados Unidos (la propiedad de la vivienda), sino que también condenaron a la gran mayoría de los afroamericanos a vivir en viviendas abarrotadas, de mala calidad, concentradas en vecindarios urbanos con bajo acceso a escuelas de calidad, aire limpio, juegos al aire libre, e incluso a supermercados surtidos con alimentos nutritivos. Estas políticas dieron a los estadounidenses de raza blanca una ventaja injusta para conseguir hipotecas, comprar viviendas y generar patrimonio para las generaciones futuras, y son el motivo de la asombrosa disparidad racial en la distribución de la riqueza que, en promedio, en las familias blancas excede los 134.000 dólares, frente a los poco más de 11.000 dólares en las afroamericanas. 

Los ejemplos de racismo sistémico abundan. El arraigo de estas políticas y prácticas en las operaciones diarias de organismos gubernamentales, escuelas y empresas es tan profundo que las personas afectadas no suelen ser conscientes de que están siendo penalizadas o favorecidas por su raza. 

Esta dinámica se materializa en todos los aspectos del sistema de bienestar infantil, y es por eso que HopeWell identifica explícitamente el racismo como el motor clave de las disparidades raciales en los resultados de los jóvenes en cuidado de crianza. 

En un estudio realizado en 2017 sobre la prevalencia de las investigaciones por presunción de abuso y negligencia infantil en Estados Unidos, se comprobó que los padres y tutores afroamericanos tenían casi el doble de probabilidades de ser investigados que los blancos. 

Aquí, en Massachusetts, los niños afroamericanos tienen una probabilidad 2,5 veces mayor que los niños blancos de estar al cuidado del Departamento de Niños y Familias (DCF), según el informe anual más reciente del DFC de Massachusetts. En los niños hispanos, esa probabilidad es 2,9 veces mayor que en los niños blancos. 

Estas disparidades también existen en Massachusetts en las colocaciones fuera del hogar, incluyendo el cuidado de crianza: La probabilidad de ser retirados de su hogar es 2,5 veces mayor en los niños afroamericanos y 2,6 veces mayor en los hispanos que en los blancos. 

En su informe anual, el DFC declara que en el año fiscal 2021 va a «impulsar iniciativas para resolver las disparidades en el sistema de bienestar infantil de Massachusetts y fomentar la equidad racial en el trabajo de las agencias de bienestar infantil de todo el país. Primero, el DFC examinará detenidamente los datos disponibles y abordará estrategias de personal, políticas y programas que promuevan resultados equitativos para los niños y las familias». 

En cuanto a la reducción de las disparidades raciales en las colocaciones fuera del hogar, los autores de un estudio realizado en el condado de Nassau, Nueva York, señalan una solución sencilla: eliminar la información racial de la decisión de separar a un niño de su hogar. 

Cuando el personal del Departamento de Servicios Sociales del condado de Nassau empezó a decidir las colocaciones fuera del hogar sin conocer la raza o etnia, el nombre o la dirección de la familia (que pueden dar pistas sobre la raza o etnia), hubo un descenso drástico del número de niños afroamericanos separados de su hogar por acusaciones comprobadas de abuso o negligencia. En cambio, las decisiones de retirar a un niño de su hogar o de dar servicios en el hogar para ayudar a estabilizar a la familia se basaron sólo en las acusaciones actuales y pasadas y en factores de riesgo como la salud mental, el abuso de sustancias, situaciones estresantes en los padres y el número de niños de la familia. 

En 2011, el 57 % de los niños colocados en cuidado de crianza eran afroamericanos, aunque la población afroamericana representaba sólo el 13 % de la población total del condado. Cinco años después, gracias a la eliminación de la información racial, sólo el 21 % de los niños retirados de sus hogares eran afroamericanos, una cifra que evidenciaba la continuidad de las disparidades raciales, pero también una mejora significativa. 

El experimento obligó al personal de los servicios sociales del condado de Nassau a enfrentar sus propios prejuicios raciales en cuanto a la protección infantil, por muy bienintencionados que fueran. El administrador de una agencia les dijo a los investigadores que la eliminación de la información racial en la toma de decisiones aportó objetividad a una tarea que tradicionalmente ha sido subjetiva: 

«Este campo es muy subjetivo por su alto componente emocional. No hay nadie que no sienta emociones respecto al bienestar infantil», afirmó. «En este trabajo es muy difícil dejar a un lado las cuestiones personales. Y no sé si todos pueden hacerlo». 

Otro funcionario reconoció la influencia de los prejuicios respecto al lugar de residencia en las decisiones de colocación en hogares de crianza: «Al oír el nombre de algunas localidades automáticamente se piensa lo peor de esa comunidad», afirmó. «Y se me ocurren seis localidades de las que algunos dirían ‘¡Dios mío!’. Por eso, creo que el nombre y la dirección influyen mucho, y el segundo factor es la presentación del trabajador [del caso]». 

A veces, la solución más efectiva de un problema es la más evidente. La eliminación de la información racial en las evaluaciones de colocación en cuidado de crianza es un buen ejemplo. Esta práctica no eliminará por completo las disparidades raciales. Pero seguramente será una herramienta poderosa para lograr un sistema de bienestar infantil más equitativo, con respuestas apropiadas y efectivas a las necesidades de los niños y familias a las que se presta servicios. 

Este artículo publicado en The Imprint contiene información pormenorizada del estudio del condado de Nassau, la historia de las prácticas de colocación sin información racial y los obstáculos políticos a su uso más difundido.

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